jueves, 2 de abril de 2009

El aborto, problema antes político que social

Nos informa el lobby liberal Hazte Oir de que el 80% de las madres que se acogen a las ayudas de RedMadre decicen tener a sus hijos. En este sentido se enmarcan algunas iniciativas legislativas del Foro Español de la Familia para que las comunidades autónomas destinen parte de su presupuesto a ayudar a mujeres embarazadas, de modo que se logre evitar que aborten. Es una propuesta acorde a los tiempos que corren, de dificultades para aspirar a más,:a la protección íntegra de la vida desde la ley. Pero reconozcámoslo, se trata de una estrategia de mínimos que, según el grupo que la defienda, olvida el núcleo del problema. Por tanto, al respecto, habría que concretar algunas cuestiones.

1. No todas las mujeres que se acercan o son invitadas a recibir ayudas asistenciales corren el riesgo de provocarse un aborto. Es decir, muchos de esos casos, como deja caer la noticia, habrían abortado sin dicha asistencia. Sin embargo, otros muchos eran de madres que no habían pensado en abortar y simplemente querían ayudas para seguir adelante con el embarazo. Por tanto, no puede servir como dato para decidir que la solución pasa simplemente por invertir en ayudas a las madres con circunstancias graves en su vidas.

2. Es habitual esgrimir hoy desde ciertos sectores que el mejor modo de proteger el derecho a la vida desde la concepción es proporcionar ayuda a las madres que tienen una situación difícil y piensan abortar. Eso sólo es así relativamente, pues supone una medida de urgencia que no logra evitar todos los abortos y, además, no protege directamente a la vida del no nato. En numerosas ocasiones las razones por las que una mujer decide abortar no son económicas y se mueven más en el plano afectivo, educacional, psicológico, de conciencia, etc.

3. Sólo la penalización del aborto protege al nasciturus de manera objetiva. No olvidemos que éste no es originariamente un problema social, sino jurídico y político. En España, como en todos los países democratizados en los que se introdujo el aborto, tal posibilidad ni se planteaba, hasta que el Estado validó las prácticas abortivas, provocando así no sólo la posibilidad legal de abortar sin consecuencias penales, sino también el terrible efecto sobre las conciencias al dar a entender que tan malo no puede ser abortar si está permitido por los poderes públicos.

4. Proteger la vida del no nato supone proteger directamente al él, al no nacido. Así debe declararlo la ley y así ha de exigirse a las instituciones públicas. Ayudar a una persona para que un tercero no corra peligro sólo es una medida de urgencia, como decíamos antes, pero protege indirectamente al nasciturus, pues éste sigue dependiendo de la decisión de su madre y la permisividad de la legislación.

Así, las alabanzas a este tipo de medidas deberían ser relativas a las posibilidades que circunstancialmente se tengan, pero desgraciadamente en muchas ocasiones da la sensación de que diversas instituciones y asociaciones renuncian a una reivindicación de máximos en favor de una protección del no nato de mínimos. El fin ultimo no debería olvidarse ni dejar de recordarse públicamente, y es la salvaguarda legal de los niños no nacidos, verdaderos y desgraciados protagonistas de la tragedia del aborto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que concienciar de lo expuesto a todas las organizaciones provida, de forma que en adelante, aun aceptando que se den batallas parciales en defensa de los nonatos (como puede ser "Red Madre" o la campaña contra la Ley de Ampiación del Aborto) siempre se haga constar que el aborto es un crimen y que, en consecuencia, lo que deseamos es la protección legal del nasciturus y la derogación de la despenalización del aborto en todos los supuestos.

Embajador en el Infierno dijo...

Muy clarificador el artículo. Conviene, como dice anónimo, no perder de vista los máximos porque si no, no vamos a ningún sitio.